Por Adrián Caballero @a__caballero

En mi empresa hace poco que nos hemos trasladado de oficina. En concreto, ahora trabajamos en un despacho que compartimos con un par más de empresas. Nos conocíamos de antes y ya habíamos trabajado antes juntos. Antes de estrenar esta oficina –y ahora todavía más- ya teníamos claro que el hecho de trabajar bajo el mismo techo iba a ser muy productivo para todos. Es lo que comúnmente se conoce como sinergia y que, a pesar de ser un término procedente de la antigua Grecia, ha pasado a estar de moda en los últimos años gracias al surgimiento de los coworking –espacios de trabajo compartidos- y la economía colaborativa.

En estos coworking, normalmente ocupados por profesionales freelance, quienes trabajan en ellos puede desarrollar su actividad sin el coste que les supone un despacho, taller u oficina propia y, además, conoce personas de sectores similares y que, llegado el momento, puede ser un colaborador.

Sin duda, trabajar de esa forma es beneficioso para las empresas. ¿Por qué? Recordemos que el éxito de una empresa se dice está en la especialización, en conocer a fondo qué es lo mejor que sabe hacer nuestra compañía (o nosotros como profesionales) e identificar de forma correcta los profesionales o empresas que mejor saben hacer los ‘servicios o productos secundarios’ de nuestro negocio. Si nosotros nos concentramos en lo que somos especialistas y además tenemos un socio que nos aporta, de cara a nuestro cliente, otro servicio con la calidad de un especialista, tendremos muchas más posibilidades de éxito en el negocio. ¿Y eso cómo se consigue? Teniendo en cuenta que uno no está solo y que el principio de toda empresa pasa por una red de ‘socios’ o proveedores. Dicho de otro modo, todo ello pasa por establecer buenas sinergias con empresas y profesionales complementarios a nuestro core.

Hagamos una reflexión ahora de hasta qué punto la sinergia entre empresas puede ser beneficiosa para cualquiera. Las reflexiones que hemos aportado hasta este punto nos hablan de una reducción del tiempo que pasamos realizando trabajos u ofreciendo productos para los que nos somos especialistas. Obviamente, esto nos indica un ahorro de tiempo. Pero también es una reducción del llamado ‘coste de oportunidad’, esto es, dejamos de perder el dinero que ganaríamos si ese tiempo que dedicábamos, lo empleamos en las cosas en las que somos especialistas.

Pero eso no es todo. Si buscamos un profesional o empresa especializado en X servicio, obviamente tendremos un coste externo, pero queda cubierto por el cliente y, lo mejor de todo, éste quedará más satisfecho de nuestro servicio global. Por tanto, aunque el precio de cara al cliente sea el mismo (que normalmente es más debido a que se incrementa la calidad del servicio), la satisfacción aumenta por lo que ya tenemos un ejemplo práctico de lo que la definición teórica de sinergia nos dice. Dejo también una investigación profunda sobre el tema en este enlace, para poder ampliar información.

 ¿Qué beneficios aporta esto?

Pero ya basta de cálculos y supuestos. El mundo económico actual nos empuja a pensar en los emprendedores, los profesionales freelance y las microempresas como el futuro. Solo tejiendo una red de confianza y de transferencia de conocimiento entre muchos de estos freelance, microempresas y PYMEs, cada una de ellas podrá salir adelante. No aspires a ser el mejor abogado de España, concéntrate en ser el mayor experto en derecho mercantil de Barcelona. Es un objetivo realista, concreto y que atraerá a bufetes faltos de esa experiencia y te hará ser referencia en un área geográfica concreta (recuerda: de la otra manera eras referencia para muchas áreas y para ninguna a la vez).

Sabemos, como conclusión, que el tipo de economía que sugiere este artículo crea mayor inestabilidad laboral ya que desconcentra las grandes empresas y permite –u obliga- a adelgazarse a las empresas (prescindiendo del personal e inversión en aquello que se ha identificado no era la especialidad de la compañía). Como contrapartida, cabe decir que esto mismo supone un incremento en la productividad general (porque todo el mundo es especialista en lo que ofrece y de su trabajo depende directamente el volumen de negocio generado). Si no me creen, lean un breve ejemplo escrito por el economista Adam Smith –relacionado con el liberalismo económico-. No es un dato este de la productividad banal en un país como España, a la cola en cuanto a productividad en la Unión Europea. Por último, señalar que además de la productividad, una sociedad económica ‘sinérgica’ obliga a pensar en una economía de uso intensivo de la tecnología y con alta inversión en conocimiento, ya que las sinergias son más provechosas cuando existe transferencia de conocimiento y/o tecnología entre los implicados.

¿Cuánto queda para ver un modelo económico parecido al aquí mostrado? ¿Es realista?