Por Joan Miquel Piqué @jmpique

Ni mejor ni peor. Simplemente, parece que los actuales emprendedores, en su mayoría miembros genuinos de la generación millennial, ya hacen las cosas de una manera bastante diferente. Y los mitos de la generación anterior, aquellos que han sido el espejo donde se miraban los emprendedores hasta ahora, empiezan a parecer una reliquia de un mundo pasado. Sin ir más lejos, Steve Wozniak reconocía hace pocos días, durante una conferencia en Madrid, que la historia del garaje era mentira, que Jobs y él nunca trabajaron juntos en un garaje, sino que cada cual trabajaba en su casa. Y Marty Zwilling comentaba también desde su excelente blog que, en su época, un emprendedor buscaba ganarse la vida, pagar facturas, conseguir una buena jubilación y, como mucho, divertirse. Nada más.

Lo que hasta hoy había sido el paradigma del emprendedor individualista, algo egoísta y dogmático, parece que se ha convertido (o se va a convertir) en algo muy distinto. Puede sorprender que uno de los inversores más famosos y con mejor reputación de Silicon Valley, Ben Horowitz, les diga a los estudiantes de Columbia que no persigan su pasión, si no que se dediquen a utilizar aquello que saben hacer mejor para cambiar el mundo y mejorar la vida de las personas. Y puede sorprender también que los empresarios más famosos de nuestro siglo XXI, como Elon Musk, o Larry Page, parece que buscan una trascendencia mucho más allá del beneficio empresarial. Parece que quieran cambiar el mundo; y parece que las nuevas generaciones, reconocidas ya en el empresarial de Forbes, responden a este nuevo patrón. Como la emprendedora Brit Morin, que dejó Apple y Google para ponerse al frente de un exitoso proyecto de conocimiento DYI. Y no sólo eso; incluso el pensamiento económico ya dibuja la, tal como la define Aaron Hurst en su reciente libro.

Seguramente, la tecnología ya está preparada para ponerse al servicio de ese nuevo paradigma. Gamificación para que aprendamos más y mejor, mucho más rápido, y toda una corriente de transhumanismo (h+) para que sólo seamos algo así como un Mazinger Z (si el lector entiende esto, significa que no pertenece a la generación Millennial…), un centro de control al mando de un cuerpo biónico, vitaminado y amplificado por montones de tecnología subcutánea, adherida, o implantada (no se pierdan este vídeo; quizá les dé esperanza, quizá les inquiete; pero no les dejará indiferentes).

El ordenador ha muerto, larga vida a la informática. Los emprendedores ya no la tienen en cuenta, sencillamente no piensan en ella, es parte de ellos, la usan para ese objetivo que les define: cambiar el mundo como parte de su universo absolutamente social y conectado. ¿Para qué ser individualista si ya no queda nadie capaz de hacer nada solo? ¿Para que esconder si todo es accesible y cambiará en poco tiempo? ¿Para que acumular si han crecido en la comodidad y no ven nada claro su futuro? Una extraña combinación de inmediatez y largo plazo; así parecen ser hoy los nuevos emprendedores y emprendedoras. Pragmáticos e idealistas. Y profundamente sociales.