MWC, más allá de un “postureo”

Por Adrián Caballero @a__caballero

13.03.2017

Hace unos días tuvo lugar en Barcelona la edición 2017 del Mobile World Congress, un evento de cuatro días en el cual este año se han dado cita 107.000 directivos y profesionales del sector de las telecomunicaciones, la tecnología móvil y la innovación en general. Como cada año, la ciudad condal se paraliza y con razón: se calcula que este año el MWC ha dejado más de 400 millones de euros en el sector servicios de Barcelona (restaurantes, hoteles, transporte, etc.) y ha dado trabajo temporal a unas 30.000 personas.

Lo que para algunos es más difícil de justificar es el precio de las entradas y, más allá de éstas, el precio de los servicios que un exhibitor ha de pagar para poder ser una de las aproximadamente 2.000 empresas y organizaciones presentes en esta edición. Más de 800 euros por la entrada más barata para visitar el MWC y decenas de miles de euros por, simplemente,  tener un espacio en el recinto de Fira-Gran Vía durante esos cuatro días (luz, Internet, agua, catering, etc.). ¿Está justificado o es una especie de ‘postureo’, como algunos han criticado en redes sociales?

Veámoslo como una especie de inversión, tanto para las empresas que se exhiben como para los profesionales del sector que deciden comprar una entrada para entrar en contacto con los referentes de las telecomunicaciones y la tecnología móvil. Empecemos con las empresas. Los exhibitors buscan con su presencia en el MWC mostrarse a un público experto con dos objetivos: por un lado, demostrar aquello que saben hacer, presentar su último producto o tecnología, y buscar la captación de compradores o inversores; por otro lado, su estancia en el MWC les permite poder conocer y reunirse con directivos de las empresas más importantes del sector donde trabajan, siendo ésta, quizás, la única oportunidad que tienen para poder cerrar un trato de negocio o un acuerdo de partnership. El dinero que cualquiera de estas pequeñas y medianas empresas es, pues, una inversión a la espera de un retorno en forma de contratos de negocio o nuevos socios para su idea comercial.

¿Y que hay de las empresas grandes? Aunque en este caso los grandes stands que deslumbran a los visitantes nos pueden hacer pensar que el coste nunca será compensado con un negocio cerrado en el congreso, hay que entender que el hecho de participar en el MWC es, para las principales empresas, casi una obligación y que, el hecho de no participar o hacerlo de forma austera podría ser una mala publicidad (no hablemos del caso de Apple, cuya ‘no presencia’ es totalmente intencionada).

Entre aquellos miles de personas que destinan entre 800 y 5.000 euros para visitar el Mobile World Congress encontramos una parte de verdaderos fanáticos de la tecnología que ven en este congreso su cita anual por excelencia y a la que no pueden faltar cueste lo que cueste. Pero, sin duda, buena parte de estos visitantes son profesionales del sector con un proyecto en mente o bien con intención de ofrecer sus servicios a las empresas que forman parte del congreso. Está claro que si tienes una idea de negocio en mente y consigues convencer a una empresa para desarrollarla, o simplemente andas buscando un trabajo como responsable en una empresa del sector, 800 euros parece una inversión baja (se amortiza en muy poco tiempo si se tiene éxito).

Como un experto en telecomunicaciones comentaba en LinkedIn durante la celebración del MWC, “si vienes a ver móviles, puede que 800€ sea algo caro”, pero si se piensa en hacer negocios, ni 800 euros ni los miles de euros (dependiendo del tamaño del stand y servicios contratados por la empresa) para un exhibitor pueden ser calificados de puro postureo. Durante el Mobile World Congress las principales empresas trabajan muy bien el marketing para deslumbrarnos con las principales novedades, aunque detrás de todo se esconden cuatro días de intensas reuniones y de centenares de emprendedores de todo el mundo que sufren y luchan sin descanso por entregar su tarjeta y explicar su idea de negocio a quien puede cambiar el rumbo de su humilde start-up.

Imágen: Flickr