Por Verònica Platas @VPlatas

02.11.2016

Muchos son los cambios que están aportando las tecnologías, las nuevas generaciones, y las nuevas o no tan nuevas reglas del juego en el mundo empresarial; y en nuestros quehaceres diarios hay momentos de reflexión (o debería) en los que nos planteamos cómo hemos llegado a este punto, o qué camino hemos elegido para llegar aquí.

Recientemente en el IV Espacio Factor Humà compartía con los asistentes una fecha significativa que cambio no sólo los procesos, sino la visión y la misión de las áreas de reclutamiento y selección de las organizaciones, esto fue en 1999 con la implementación de manera generalizada de los primeros portales de empleo… sin duda un antes y un después para los profesionales de RRHH y los candidatos, que en definitiva nos hizo la vida mucho más fácil, a la oferta y a la demanda.

De un tiempo hacia aquí observo un segundo cambio en la manera de proceder que en este caso está generando una cierta inquietud en el sector de los profesionales de recruitment y de sus empresas clientes. Este malestar es el RECLUTAMIENTO POR SUCCESS FEE, o por ÉXITO. No soy capaz de recordar en qué momento de estos últimos años se empezó a plantear esta modalidad de prestación de servicios, (un cliente recientemente me argumentaba que a principios del 2010 hubo un boom de reclutadores freelance, que hizo que aumentara la competencia entre ellos y que finalmente el “Solo te cobro si te lo quedas” acabó por instaurarse).  Pero más allá del cuándo, existen los motivos del porqué…  motivos muy diferentes entre unos y otros, que en estos momentos no justifican una manera de proceder bajo estos esquemas.

“Solo te cobro si te lo quedas”

Por parte del cliente, su principal comentario es la bajada de calidad sobre el servicio que estaba acostumbrado a recibir, percibe un menor interés por parte del reclutador, menciona que ya no hacen informes, ni cribas… que simplemente les mandan currículums de perfiles que pueden encajar con la relación de características que debería tener su perfil a incorporar; con el correspondiente aumento de carga de trabajo. En definitiva el sistema genera un cliente insatisfecho con su proveedor y con el propio sistema.

Si nos vamos al reclutador sus comentarios estarían en la línea de la insatisfacción con el cliente y con el sistema; un esfuerzo no valorado, criterio de decisión final dependiente del cliente, clientes “infieles” que contactan con el candidato para no pagar lo acordado, empresas con 3 o 4 reclutadores-proveedores buscando el mismo perfil,  no se cubren costes mínimos generados en el proceso….

Y con estos escenarios se me viene a la cabeza el siguiente diagrama:

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Quizás los esquemas de 15-25% sobre el sueldo bruto anual del candidato a incorporar, en función del perfil no son tarifas para un proceso de perfil estándar, pero cobrar a éxito tampoco parece ser una relación cliente-proveedor que satisfaga a todos… Ha llegado la hora de buscar una alternativa que encaje y que permita cambiar de nuevo el sistema. ¿Hablamos?